El Papa que descendió a los infiernos para ascender al cielo

El Papa de Sorrentino bebe Coca-Cola cero sabor cereza, va en chándal y tiene la cara de Jude Law. Además de sus caprichos yanquis, también ha importado su despotismo al Vaticano. No tuvo que hacer pirotecnias para que saliera la fumata blanca, el cónclave lo eligió como se eligen estas cosas: uno de los cardenales movió los hilos para que triunfase el que él creía que por su juventud sería un Papa maleable. Pero comprobó entonces que los años nada tienen que ver con las ideas. El Papa Pío XIII es lo suficientemente retrógrado e intransigente como para aterrorizar a los habitantes del Vaticano. Pretende volver al oscurantismo para devolver a la Iglesia su prestigio porque sabe que uno quiere aquello que uno no tiene. Por eso en vez de vender platos con su cara se la tapa como Banksy y Daft Punk. En The Young Pope, Paolo Sorrentino humaniza a un Papa que se suma a la liga de hombres que como Frank Underwood, Tony Soprano y Don Draper, han llegado a lo más alto bajando a lo más bajo.

Los padres de Lenny Belardo eran dos hippies que le abandonaron a las puertas de un hospicio, donde quedó al cuidado de unas monjas. Naturalmente, él odia todo lo progre. Al elegir su nombre papal y proclamarse sucesor de un Papa polémico por su relación con Mussolini, Pío XIII da una pista de cómo será su papado. No solo condena el aborto y la homosexualidad, también la dedicación a medias a Dios. La Iglesia tiene que ser una institución exclusiva para los creyentes que acepten la sumisión total a Dios y la obediencia al Papa como su representante en la Tierra. En el Vaticano el Rey Sol se viste al ritmo de «Sexy and I Know It» con una casulla que podría servir de armadura y una tiara que parece un casco y obliga a todo el mundo a llamarle “Su Santidad”. También a quien lo cuidó cuando se quedó huérfano, la hermana Mary que interpreta Diane Keaton. Pero cuando el miedo infligido a los fieles vacía las iglesias, los complots para destronar al Papa aparecen. Las maquinaciones, los tejemanejes y las traiciones para arrebatarle el poder se desatan. De cada conspiración, él sale fortalecido.

“Los huérfanos nunca son jóvenes” le dice el Papa al cardenal más viejo del Vaticano. Y aunque sus ideas le dan la razón, no lo hacen sus sentimientos. Lenny todavía es un niño que busca a sus padres. Culpa al mundo de su abandono y ejerce su poder de forma vengativa. Cuando una monja le aprieta los mofletes y le dice que puede prepararle todas las comiditas que él quiera, el Papa le deja claro que lo que no quiere son excesos de confianza. Prefiere las relaciones formales a las afectuosas, pues las últimas siempre llevan al equívoco y acaban mal. Lenny se ha blindado contra las relaciones personales dedicándose a Dios. Y entonces llega al poder solo y tiene que vérselas consigo mismo. Pero como Leonard Cohen cantaba, “siempre hay un grieta en todo, solo así entra la luz”. Quienes rodean a Lenny lo transforman. La hermana Mary, Esther y Sophie son la madre, la esposa y la amiga respectivamente. Cada una le ofrece un tipo de amor. Los cardenales Gutiérrez, Voiello y Spencer ejercen de mentores. Sorrentino crea un personaje redondo que en la primera mitad de la serie desciende a los infiernos para, en la segunda, ascender al cielo.

“Los huérfanos nunca son jóvenes” le dice el Papa al cardenal más viejo del Vaticano. Y aunque sus ideas le dan la razón, no lo hacen sus sentimientos. Lenny todavía es un niño que busca a sus padres. Culpa al mundo de su abandono y ejerce su poder de forma vengativa. Cuando una monja le aprieta los mofletes y le dice que puede prepararle todas las comiditas que él quiera, el Papa le deja claro que lo que no quiere son excesos de confianza. Prefiere las relaciones formales a las afectuosas, pues las últimas siempre llevan al equívoco y acaban mal. Lenny se ha blindado contra las relaciones personales dedicándose a Dios. Y entonces llega al poder solo y tiene que vérselas consigo mismo. Pero como Leonard Cohen cantaba, “siempre hay un grieta en todo, solo así entra la luz”. Quienes rodean a Lenny lo transforman. La hermana Mary, Esther y Sophie son la madre, la esposa y la amiga respectivamente. Cada una le ofrece un tipo de amor. Los cardenales Gutiérrez, Voiello y Spencer ejercen de mentores. Sorrentino crea un personaje redondo que en la primera mitad de la serie desciende a los infiernos para, en la segunda, ascender al cielo.

Esta transformación ocurre en la institución más reacia a los cambios. El pasado es el tiempo del Vaticano y cualquier elemento moderno que se introduce choca, empezando por la cara de Jude Law en medio de tanta arruga. Sorrentino lleva este juego al extremo: monjas jugando a futbol, cardenales que manejan iPads, un canguro saltando por los jardines y el Papa con gafas de sol. La poesía surrealista es marca de la casa. Consigue desacralizar lo sagrado y a la vez mostrar las contradicciones de la Iglesia y de Lenny. El Papa admite ser él mismo una contradicción. Es engreído pero duda de sí mismo, se entrega en cuerpo y alma a Dios pero no sabe si existe y es cruel y castiga a los despiadados. La Iglesia todavía no ha dicho nada al respecto, pero la segunda temporada ya está confirmada.          

(Artículo publicado originalmente en la web de Código Nuevo el 22 de febrero de 2017.)

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